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Hermanas fundadoras
Vida y Obra de la hermana Mére Sylvie Azais

Desde muy joven Lucie Azais había amado a las Hermanas Azules Una de sus compañeras de clase se había transformado en Sor Inés y la Joven pidió ser admitida también en el Noviciado de Castres Entusiasta, espontánea, no admitiendo las cosas a medias, ella sabía a los 17 años que quería ser Santa y que nada es más grandioso que darse por entero a Cristo, echando sin calcular su vida en la hoguera de su caridad. El 14 de septiembre de 1894 revestía el Santo Hábito y un año antes del fin de su noviciado fue enviada a Béziers como maestra de clase.

Sus aptitudes de formadora empezaron a manifestarse Vuelta a Castres para su profesión, muy pronto nuestra casa de Bordeaux la recibió hasta 1901. Luego residió durante 3 años en París, donde se necesitaba una maestra. Era entonces el momento en el que era preciso buscar asilo en tierra extranjera si se quería guardar el habito religioso. A Mere Sylvie le gustaba evocar esa reunión solemne, presidida por nuestra Reverenda Madre Théodosie, en la que se podía escoger
libremente entre la vuelta al hogar o la expatriación Y con qué santo orgullo añadía «! Ni una se quiso ir ¡» se aceptaban todos los riesgos de una vida precaria lanzada hacia lo desconocido. En 1906, ya se habían plantado los primeros jalones en América, se ofrecía nuevas obras y se necesitaban refuerzos La Madre se embarco sobre el Magelian con 12 compañeras rumbo a Argentina Se acababa de aceptar en Azul un orfelinato donde las dificultades no faltaban Se quedó algunos meses junto a la Madre Mane Alphonse. Pero su misión no estaba allí: había que abrir una escuela en Juárez y cuando se dijo que la casa en construcción estaba lista. Mere Sylvie se fue allí con cinco Hermanas. Los comienzos fueron muy duros, hasta el nuevo local, al que tuvieron que mudarse porque el primero no convenía, fue destruido por un incendio y pareció por momentos que iban a fracasar. Pero no, Mére Sylvie, logró hacer frente a la situación, apoyada en su valor y su fe. confiada en Aquel que todo lo puede. Una gracia especial debió ayudarla, porque obtuvo el edificio que deseaba, en el cual las Hermanas vivieron hasta 1994 esta casa de Juárez, guardó siempre un lugar de preferencia en el corazón de la querida Madre le había tomado trece años de lucha, de angustias, de ardor y de esperanza; le había hecho también saborear alegrías muy profundas; un pedazo de su vida quedaba allí, esa vida que ella había dado generosamente y que la ligaba para siempre a ese rincón de tierra Argentina, hoy tan fecundo, porque en días lejanos su fundadora lo cultivó con amor. Agosto de 1920: Mere Syivie es llamada a Castres para secundar a nuestra Reverenda Madre Théodosie. El sacrificio es grande, pero deja a su querido Juárez para entregarse a su tarea con el ardor que pondrá constantemente en lo que cree ser su deber. Pronto se le impondrá una responsabilidad mayor todavía: la Madre Théodosie, de edad y enferma suplica que se la desligue de su pesado cargo y el Capítulo General elige a Mére Sylvie para presidir los destinos de la Congregación: tenía entonces 45 anos. La obra que se ofrecía a su celo hubiese desanimado a alguien que no estuviera tan comprometido como ella. Francia no se había levantada aún del golpe que le había asestado el laicismo sectario, nuestras casas habían desaparecido una tras otra y no nos quedaba más que la Casa Madre, el Refugio y Arfons Mere Sylvie soñó con hacer resurgir nuevamente una florescencia de Conventos Azules en la querida patria francesa, rezaba, se mantenía atenta a los llamados de Dios y esperaba en paz la hora elegida por el Señor, segura de que El no rehusaría responder a su confianza Y lo que tanto deseaba se realizó, desde los Puys de Auvernia hasta los Pirineos, desde las minas de! Norte a las llanuras de Dordoña. se volvieron a encender los hogares de caridad En 1936, cuando se preparaba en centenario del instituto se habían abierto doce casas en la metrópolis Las Hermanas Azules habían plantado su tienda en Kaolack y en Sondara, mientras en América nacían ocho nuevas obras Además se realizó en Clermont en 1928 la fusión con unas Hermanas de la Inmaculada Concepción que trataban de salvar su obra confiándola a otras manos Las religiosas de St. Alexis de Limoges querían también afiliarse a nuestra congregación. La unión se hizo con gran delicadeza y fue origen del nuevo desarrollo para el instituto.
La actividad de Mere Sylvie llevaba muy lejos los límites de sus posibilidades Reelegida Superiora General en 1927 no vaciló en emprender largos viajes para llevar a sus hijas el consuelo de su cariño maternal, los consejos de su experiencia y espíritu religioso.
Así fue como la Argentina tuvo la gran alegría de recibirla en dos oportunidades más (ya había realizado un primer viaje en 1925) La querida viajera pudo ver las obras en pleno progreso su Juárez tan arriado tenia una hermosa capilla, el Colegio de Lomas casi tal como lo vemos ahora, albergando un número siempre creciente de niñas Fue una gran satisfacción para su corazón de madre constatar que la semilla había caído en buena tierra y estaba dando su fruto.
Acosada por tos urgentes pedidos de nuevas fundaciones, que no alcanzaba a satisfacer, sentía la necesidad de un reclutamiento numerosos y sólido Durante sus permanencias en la Casa Madre, hacía ella misma las instrucciones a las Novicias; seguía sus progresos o sus vacilaciones, su espíritu de fe, su rectitud
sin fallas.
Dispersadas a través de! mundo, a la cabecera de un enfermo, cerca de los niños, en un rincón africano, cuantas Hermanas Azules no habrán pensado en la hora en que se nace duro el peso de! deber, cuando se tiene ganas de dejar deslizar por
el camino fácil «¡No!. esto es indigno de lo que he recibido, indigno de mi vocación, esto haría mal a la Congregación1» y la alta silueta se reflejaba en la pantalla de los recuerdos teniendo en sus ojos claros un reproche y un aliento» !No¡ !no hay que fallar¡ hay que renunciarse! ¡abnegarse! ¡darse!....
1936 La querida Madre ha puesto todo el movimiento para preparar ¡as fiestas del centenario. Todo en honor de nuestra Buena Madre Fundadora Mere Sylvie está contenta de vera tantos sacerdotes, obispos, amigos de la Congregación rindiendo
homenaje a la obra de las Hermanas Azules, magnífico desarrollo del árbol plantado por las manos de Emilie de Villeneuve. Es esto la digna coronación de sus quince anos de Generalato Cuando en el Capitulo del mismo ano la Madre Maree Agathe es elegida para reemplazarla
Y esta voluntad la lleva a París Allí se ocupa de la fusión de St. Alexis. Todos los meses va a Limoges donde la Madre Valérie ¡a recibe con la más exquisita cortesía En Agosto de 1937, se instala definitivamente en el Hospital donde es nombrada Superiora de la Comunidad. Muy pronto gana la simpatía por su sonrisa acogedora. La sencillez de su trato, su bondad sin límites que la pone al servicio de los grandes y de los pequeños para tratar de elevarlos hasta Dios. En 1946 cuando la savia azul ha dado nueva vida al árbol añoso Mere Sylvie cambia su puesto de combate. París, con sus vagabundas de la calle de Crimée, va a absorber su celo apostólico Mientras tanto en Castres, la Madre Mane Agathe, cuya delicada salud se había resentido con los años de la guerra, ha ido a reunirse con la Comunidad del Cielo La querida Madre Germaine, su sucesora en el gobierno de la Congregación, muere también en la brecha, arrebatada por un terrible accidente En el Capítulo General de 1953, que elige a nuestra Reverenda Madre Mane Clemente. Se crea la Provincia de Francia y Mere Sylvie acepta se Superiora Provincial Desde hacia dos años. estaba nuevamente en Limoges y es allí donde el Señor realizó uno de sus mas ardientes deseos el de morir en ese hospital al que quería consagrar los
últimos recursos de su vida ya tan llena
Su última visita a la Casa Madre tuvo lugar en 1959, para el Capitulo General. Su informe fue como una especie de testamento espiritual Manifestó en esta ocasión una vez más, su amor a la Congregación, el placer que sentía de volverse a encontrar en un ambiente familiar, en medio de tantas Madres y Hermanas que la
veneraban y por medio de quienes ella podía ponerse en contacto con los conventos azules más lejanos Su salud declinaba poco a poco El principio del invierno le fue muy penoso, una congestión pulmonar en su organismo debilitado alarmó a todos Se tuvieron alternativas de angustio y de esperanza mientras la enferma, muy Lúcida sólo estaba atraída por el pensamiento del Cielo. Miraba
llegar a la muerte como a la amiga que abre la puerta tras de la cual el Padre esperaba con los brazos abiertos:"no tengo miedo a la muerte. ¿Por qué había de temerla?. He tratado de amar mucho a Dios toda mi vida; espero que el me acoja cuando termine mi viaje". Siempre había saboreado esta frase del Te Deum "In Te Domine speravi, non confundar in aeternum", y su confianza guardaba algo del abandono de los niños.

La víspera de Pentecostés, tuvo un desfallecimiento y al decirle que seguramente vendría el Señor a buscarla para pasar esta fiesta con El, la Madre contestó "¡Qué buena noticia me da!¡ venga que le doy un beso!" Y fue con la alegría de una espera feliz que su hermosa alma se presentó al Esposo, en la luz de Pentecostés llevando su lámpara bien encendida


Mientras el hermoso rostro tan lleno de paz reflejaba su habitual sonrisa, la dolorosa noticia empezó a conocerse y produjo un desfile incesante ante sus restos .Grandes y pequeños, ricos y pobres, todos querían ver una vez más a quien había atraído su corazón Muchos querían decirle un último ¡gracias!.

Su muerte tuvo dolorosa repercusión en la Provincia Argentina por la que Mere Sylvie guardaba tanto cariño, en todas las casas se celebraron misa por ella y fue conmovedor ver reunidas en la que se celebró en Buenos Aires, a sus ex-alumnas de Juárez. Acudieron numerosas y algunas vinieron desde muy lejos, testimoniando el cálido afecto que la querida Madre había querido inspirarles.

   











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Revisado: Abril 06, 2003 .